Muchos golpes recibe
cuando a la gente,
la entrada prohíbe.
más adivinanzas de cosas de la casa...
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
Adivíname ésa.