Sube llena,
baja vacía,
y si no se da prisa,
la sopa se enfría,
más adivinanzas de cosas de la casa...
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Su forma es de pera, aunque es de cristal da luz sin espera para cada cual.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.