Aunque no soy pajarillo
canto sin ninguna pena
y cuando en plural me usan
represento la condena.
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De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Canto en la orilla, vivo en el agua, no soy pescado, ni soy cigarra.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.